Charron es una ciudad de «jardineros del mar». Gracias a una ubicación excepcional en la que se mezclan agua dulce y agua salada y la existencia de una de las mejores insolaciones del litoral atlántico, la mitilicultura es la protagonista del lugar. El mejillón cultivado en viveros de moluscos –sobre estacas de roble o buchots– es el más reconocido y hasta goza de una marca: «La Charron».
En Charron, la vida sigue el ritmo de las mareas. Desde el puerto del pavé (adoquinado) o desde el del corps de garde (cuerpo de guardia), algo más lejos, aguas arriba por el río, podrá asistir a la salida y al regreso de las numerosas chalanas (embarcaciones de fondo plano) que surcan el estrechamiento del río, el pertuis.